Y a lo lejos, páramos de asceta.

«Y a lo lejos, páramos de asceta» es el título de mi segunda exposición individual en la galería Estampa (Madrid).

Esta muestra se articula, como viene siendo habitual en mi trabajo, en torno a la Naturaleza pero entendida ésta desde un punto de vista romántico, es decir: la naturaleza como algo contradictorio, bello y grotesco al mismo tiempo, que nos atrae y nos aterra, que nos fascina en la distancia y nos repele de cerca. Una naturaleza que se escapa a nuestro dominio y control, que coloniza espacios y transforma el medio que consideramos propio. Y, sobre todo, que nos hace ver que somos seres pequeños, insignificantes y finitos.

Finitos como las construcciones ruinosas e imposibles que aparecen en los dibujos de esta exposición. Precarias estructuras de madera inhabitables, miradores inútiles que no pueden cumplir su función por su inestabilidad y que por lo tanto han sido abandonados a su suerte, que sólo se mantienen en pie esperando que el paso del tiempo acabe derrumbándolos y convirtiéndolos en polvo.

Se generan así espacios de contemplación ficticios donde no hay nada vivo, en los que las flores, ramas y piedras que recrean estas estructuras abandonadas en equilibrio nos recuerdan que nada perdura, que todo es fugaz. Como en la tradición de la pintura de bodegón, en la cual, a través de cráneos, relojes, frutas o flores comenzando a pudrirse se nos habla de la transitoriedad de la vida.

«Y a lo lejos, páramos de asceta» is the title of my second solo exhibition in Estampa gallery (Madrid, Spain).

As usual in my work, this show is structured around the nature but understanding it from a romantic point of view: nature as something contradictory, beautiful and bizarre at the same time, that is attractive and repulsive, something that fascinates if you watch it from afar and repels if you look closer. A nature that scapes at our control, that colonizes spaces and transforms our own environment. And over all, a nature that makes us feel small, insignificant and finite beings.

We are finite as the tumbledown and impossible constructions that appear in the exhibited draws. Precarious and uninhabitable wooden constructions, useless viewpoints that can not be use for what they were made for because of their instability and that’s why they’ve been abandoned, standing on their own two feet waiting the time to colapse and turn them into dust.

In this way it produces fictitious contemplation places where nothing is alive, where flowers, branches and stones recreate these abandoned balanced structures that remind us that nothing lasts forever, everything is fleeting. As in the still life painting tradition -where by means of skulls, clocks, discomposed fruits and flowers- it talks about the transience of life.